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He tenido el placer de colaborar en el programa Liarla Pardo de La Sexta, en donde hablé sobre la problemática del arsénico presente en el arroz.

Video en Liarla Pardo

Puedes ver el video en Liarla Pardo (La Sexta) a partir del minuto 46 en este vídeo:

Liarla Pardo

 

Este metaloide, el arsénico, ¿de dónde sale?, ¿por qué llega hasta la comida?, ¿quién es el responsable?, ¿otra vez son la mano del hombre y la industrialización los responsables? Pues aunque resulte poco idílico, el arsénico es un mineral más, natural como la vida misma. Éste, se moviliza de la tierra como consecuencia de procesos naturales tales como la erupción de volcanes, los incendios forestales o la erosión de rocas y minerales.

Para la población general, los alimentos que más contribuyen al aporte de arsénico inorgánico en la dieta son: “productos de cereales (distintos del arroz)” y en particular “pan de trigo y panecillos”, seguido del “arroz”, de “leche y productos lácteos” y “agua”. Mientras que, entre la población infantil, el grupo de “leche y productos lácteos” es el principal responsable de aportarles arsénico inorgánico. Ahora bien, es cierto que el ARROZ es el alimento que más arsénico contiene, por lo que resulta alarmante su utilización en la alimentación de los más pequeños y en aquellos colectivos que consumen mayores cantidades.

¿Has visto en alguna noticia que el pan es el alimento que más arsénico aporta a la población?, ¿y que los lácteos son los que más arsénico aportan a los niños? Al menos yo, no lo he visto. Pero seguramente, sí que has leído o escuchado en algún sitio eso de… ¡cuidado con el arroz!, está lleno de arsénico, un veneno.

Sí, es cierto, hay que tener precaución con el arroz por el arsénico inorgánico que contiene, sobre todo aquellos grupos de población que lo suelen ingerir en mayor cantidad. Las personas con celiaquía, las que siguen una alimentación macrobiótica, las que siguen una dieta vegana/vegetariana, los deportistas del arroz con pollo, los que se suman al gluten-free o los #incondiconalesdelapaella. Sin olvidarnos de la población más susceptible a la toxicidad relativa al peso, los niños y las mujeres durante el embarazo y la lactancia (Quansah et al., 2015).

Pero yo me pregunto, ¿por qué solo hablan de arroz y arsénico?, ¿por qué no dicen nada del consumo de pan y de lácteos? Y además, ¿por qué no generan tanta repercusión otros contaminantes (y su efecto cóctel) presentes en la mayoría de carnes, pescados o lácteos? Sobre todo esto es sobre lo que creo que deberíamos reflexionar cuando se genera tanta preocupación por UN ÚNICO componente tóxico en UN ÚNICO alimento. Nuestro patrón de alimentación, por suerte para la mayoría, no está formado por único alimento, sino por un amplio abanico de éstos. Y, como vimos, en España la mayor parte del arsénico inorgánico que ingerimos lo hacemos a través de “pan de trigo y panecillos”, y de “leche y productos lácteos”.

Conclusiones

Cómo no vamos a esperar a que nos salven desde fuera, prefiero que nos centremos en nuestras decisiones y actos alimentarios, tal y comentamos en el programa de Liarla Pardo. Al fin y al cabo, es lo más seguro para nuestra salud. Para ello, quisiera acabar con algunos consejos prácticos que logren reducir el aporte de este tóxico en nuestra comida:

  • Reduce el consumo de trigo y lácteos, y de todos los derivados a los que dan lugar. Pero no solo por el arsénico, si no por… te lo explico en otro artículo.
  • Olvídate de las algas hiziki (si es que las consumías). Existen otras muchas algas marinas, que además de infinitamente mejores, proceden de nuestro país. Eso sí, siempre recordando que se deben consumir en pequeñísimas cantidades (no más de 1 gramo de peso seco al día).
  • No comas arroz todos los días. Prioriza en tu alimentación otras fuentes de hidratos de carbono, como el trigo sarraceno, la quinoa, la avena, la patata o los boniatos. Cuando comas arroz (yo opto por el semiintegral), intenta comprar arroz cultivado en la península. Déjalo a remojo, lávalo y si quieres, cuécelo con más agua de la habitual y deshecha esa agua. Queda rico, un poco más “paposo”, pero rico. Si vas a seguir comiendo arroz como has hecho “toda la vida”, hazlo de forma más puntual y en menor cantidad.
  • Si comes tortitas de arroz, cámbialas por… ¡un plátano!. Y si no cuela el cambio, opta por tortitas de trigo sarraceno.
  • Si tomas bebida de arroz, cámbiala por bebida de avena.
  • Si usas melaza de arroz, mucho mejor miel cruda.
  • Y por último, y no por ello menos importante, el agua. Un tema delicado y sin una solución única y maravillosa. La presencia de arsénico está regulada en el agua: no debería superar los límites de 10 µg por litro, tanto en el agua del grifo como en el agua embotellada. Sorprendentemente, en el Informe de la EFSA (2014) se encontraron mayores niveles de arsénico en el agua embotellada que en el agua del grifo. Y es que el agua embotellada no está exenta de riesgos. Intenta beber un agua lo más “limpia” posible (no solo de arsénico); para ello, mi recomendación es que utilices o instales un filtro adecuado en casa.

Si después de ver el video de Liarla Pardo y leer este texto, quieres profundizar más en este tema, puedes leer siguiente artículo que he escrito sobre el tema: “Arsénico y arroz, ¿alarmismo o realidad?

 

©2019 Lucía Redondo Cuevas. Derechos reservados.

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